Por qué decidí trabajar mi marca personal
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1/20/20263 min read


Por qué decidí trabajar mi marca personal
Durante muchos años pensé que hablar de mi trabajo no era necesario.
Si hacía bien las cosas, si los proyectos salían adelante y los clientes quedaban contentos, con eso debía bastar.
Y, en parte, bastaba.
Pero solo en parte.
Trabajo como consultor TIC, en ventas complejas y proyectos de ERP en el sector agroindustrial. Llevo tiempo entrando en empresas, escuchando problemas, viendo procesos que funcionan… y otros que no tanto. Aprendiendo mucho por el camino.
El problema era que todo eso solo lo veía quien estaba delante de mí en una reunión. Para el resto del mundo, simplemente no existía.
Ahí fue cuando empecé a darle vueltas a esto de la marca personal.
Cuando pensaba que la marca personal no iba conmigo
Voy a ser sincero: durante bastante tiempo pensé que la marca personal era postureo.
Gente hablando de sí misma, frases grandilocuentes, mucha foto y poco fondo. Y yo ahí no me veía.
Siempre he sido más de escuchar que de hablar, más de entender procesos que de contarlos. Mi sensación era: si hago bien mi trabajo, no necesito explicar nada más.
Con el tiempo entendí que estaba confundiendo conceptos.
La marca personal no va de presumir.
Va de explicar qué haces, cómo piensas y desde dónde tomas decisiones.
Y eso cambia bastante la película.
La realidad de vender en B2B (y más en ERP)
En ventas B2B —y especialmente en proyectos de ERP— nadie compra a la ligera. Los ciclos son largos, hay varios decisores y, casi siempre, alguien que ya tuvo una mala experiencia previa.
Aquí el software importa, claro.
Pero lo que realmente se compra es confianza.
Confianza en que entiendes su negocio.
En que ya has pasado por situaciones parecidas.
En que no vas a desaparecer cuando vengan los problemas.
Cuando alguien llega a una reunión sin referencias, todo empieza desde cero. Cuando llega habiendo leído algo tuyo, habiendo visto cómo piensas o cómo enfocas los problemas, la conversación es otra.
No mejor, distinta.
Y normalmente, más profunda.
Lo que cambió cuando empecé a trabajarla
Trabajar mi marca personal no significó empezar a vender en redes ni hablar de mí todo el día. Significó ordenar ideas y compartir experiencia real, sin más.
Con el tiempo empecé a notar cosas:
Las conversaciones llegaban más maduras.
Había menos necesidad de demostrar quién era o qué hacía.
Los clientes entendían mejor mi enfoque incluso antes de sentarnos.
Y algo que no esperaba: escribir me ayudó a pensar mejor. A poner negro sobre blanco cosas que hacía casi en automático después de muchos años. A darme cuenta de por qué tomaba ciertas decisiones.
Vamos, que no solo le servía a quien lo leía.
También me servía a mí.
Lo que no es mi marca personal
Mi marca personal no es vender todos los días.
No es ir de experto en todo.
No es dar lecciones desde un pedestal ni soltar frases de gurú.
Es justo lo contrario.
Es contar lo que veo en el día a día: lo que funciona, lo que no, los errores, las dudas y los aprendizajes. Desde el terreno, no desde la teoría.
Sin fuegos artificiales y sin prometer atajos que no existen.
Por qué sigo haciéndolo
Sigo trabajando mi marca personal porque me ayuda a ser coherente con lo que hago y con cómo quiero hacerlo. Porque deja rastro de lo aprendido. Y porque, siendo claros, si no cuentas lo que sabes hacer, nadie lo va a contar por ti.
No escribo para vender.
Escribo para aclararme, para aportar y para que, cuando alguien piense en procesos, ERP y agroindustria, sepa desde qué lugar hablo.
El resto, con el tiempo, acaba llegando.
