La primavera en la carretera
Cuando salir de la oficina se disfruta
3/5/20262 min read
La primavera en la carretera
Hay una cosa que me pasa todos los años cuando llega la primavera.
De repente, conducir deja de ser solo conducir.
Para los que trabajamos visitando empresas, haciendo kilómetros y parando en pueblos, almacenes y fincas, esta época del año tiene algo especial. El campo cambia de un día para otro: los almendros florecen, los márgenes de las carreteras se llenan de flores amarillas y todo parece tener más vida.
Hace unos días me pasó algo muy simple.
Iba de camino a una visita y, en un momento dado, miré a mi alrededor y pensé: “qué suerte tengo con este trabajo”. Así que paré el coche un momento. Sin prisa. Solo para disfrutar del paisaje.
Campos verdes, flores por todas partes, olivos alrededor y ese silencio que solo existe en el campo.
En ese momento me di cuenta de algo que a veces olvidamos los que trabajamos en tecnología: nuestro trabajo ocurre en sitios muy reales.
Un trabajo que se entiende mejor pisando la calle
Yo me dedico a vender tecnología para empresas del sector agroalimentario. Software de gestión, ERP, herramientas para mejorar procesos…
Pero la verdad es que este trabajo no se entiende bien desde un despacho.
Se entiende cuando entras en un almacén de envasado en plena campaña.
Cuando hablas con el encargado de producción que está pendiente de tres líneas a la vez.
Cuando el administrativo te cuenta cómo se complica la trazabilidad si no tienen bien organizado el sistema.
O cuando un gerente te dice: “necesito saber dónde gano dinero y dónde lo pierdo”.
Ahí es cuando todo cobra sentido.
Porque el software no es el protagonista. Lo importante son las personas y las empresas que lo utilizan para trabajar mejor.
La parte bonita de trabajar en la calle
A veces, cuando se habla del trabajo comercial, parece que todo gira alrededor de objetivos, reuniones o números.
Y sí, todo eso está ahí.
Pero también hay otra parte que a mí me gusta mucho: estar en la calle.
Conocer empresas diferentes.
Hablar con gente que lleva toda la vida en el sector.
Entender cómo funciona realmente el negocio desde dentro.
Y entre visita y visita, encontrarte paisajes que te recuerdan que trabajas en uno de los sectores más ligados a la tierra que existen.
Tecnología y campo, cada vez más cerca
Durante mucho tiempo se ha pensado que el campo y la tecnología eran mundos muy distintos.
Hoy eso ya no es así.
Las empresas hortofrutícolas trabajan con trazabilidad, control de producción, gestión de costes, logística, exportaciones… y cada vez más decisiones se toman apoyándose en datos.
La tecnología ya forma parte del día a día del sector.
Y poder aportar un pequeño granito de arena para que esas empresas trabajen mejor es una de las cosas que más me gustan de mi trabajo.
Parar un momento también está bien
Aquel día, después de parar el coche y hacer la foto, seguí camino hacia la reunión que tenía.
Pero me quedé con una sensación muy simple: a veces merece la pena parar un minuto y mirar alrededor.
Porque entre presupuestos, llamadas y visitas, se nos olvida algo importante.
Que trabajar cerca del campo tiene estas pequeñas recompensas.
Y cuando llega la primavera, todavía más.
